Belleza en Auschwitz

Belleza en Auschwitz

Viktor Frankl, un judío que por el 1942 trabajaba como neurólogo y psiquiatra en Viena, fue deportado al campo de concentración de Theresienstadt. En 1944 fue trasladado a Auschwitz y posteriormente a Kaufering y Türkheim, dos campos de concentración dependientes del de Dachau. Al ser liberado escribió un libro titulado "El hombre en busca de sentido" donde cuenta sus experiencias en los anteriormente citados campos de concentración. En ese libro puede encontrarse el siguiente fragmento:

 

Si alguien hubiera visto nuestros rostros cuando, en el viaje de Auschwitz a un campo de Baviera, contemplamos las montañas de Salzburgo con sus cimas refulgentes al atardecer, asomados por las ventanucas enrejadas del vagón celular, nunca hubiera creído que se trataba de los rostros de hombres sin esperanza de vivir ni de ser libres. A pesar de este hecho -o tal vez en razón del mismo- nos sentíamos trasportados por la belleza de la naturaleza, de la que durante tanto tiempo nos habíamos visto privados. Incluso en el campo, cualquiera de los prisioneros podía atraer la atención del camarada que trabajaba a su lado señalándole una bella puesta de sol resplandeciendo por entre las altas copas de los bosques bávaros.

Estremece que alguien en una situación como esa encuentre dentro de si esa sensibilidad por la belleza y tenga la necesidad de compartirlo. ¡Cuan necesitado está el mundo de esos camaradas que señalan, que apuntan hacia lo bello, y nos invitan a salir de nosotros mismos, para contemplar la belleza!. Siempre, aunque estemos en el peor de los infiernos, podemos levantar la vista, contemplar la belleza y sentir que la belleza nos salva, porque nos habla de un Dios bueno, de un Dios que tiene la última palabra en su creación y que con Cristo decidió que la última palabra no la tuviese la muerte.