Señor, yo combatí

Aunque ahora mis ojos solo perciban la oscuridad,
os aseguro que he visto las maravillas más gloriosas de la Creación.
Aunque mi brazo apenas pueda sostener la espada,
fue ella la que me proporcionó la salvación.
Aunque mi voz suene seca y gastada,
antaño entoné cántocos de alabanza al Redentor.
Aunque ahora casi no pueda moverme,
os prometo que luché ferozmente contra el enemigo.

No, yo ya no soy. Pero fui, y puesto que fui, seré.
Maldigo a los hombres sin memoria,
y bendigo a los que lucharon conmigo aquel día,
el día que cambiamos el mundo. 
Y no lo merecía, pero tuve el honor de luchar aquel día por la cruz;
y era indigno de ello, pero tuve el placer de saborear la victoria.

Y así cuando cruce las puertas de la muerte
y el Señor de los Ejércitos me haga la terrible pregunta que aguarda a todo mortal,
cuando Él me pregunte: “¿Tú que hiciste?”
yo podré decirle: “Señor, yo combatí”

Me he tomado la libertad de empezar este artículo tal y como comienza el libro "1212 Las Navas", un libro que cuenta la épica de los caballeros Crisitianos que con la mitad de efectivos consiguieron derrotar al ejército musulmán en la celebrada batalla de las Navas de Tolosa, esta victoria supuso un punto de inflexión en la reconquista de España que culminarían siglos después Ios reyes católicos. Por cierto, en aquella época ya había  yihadistas en la vanguardia del ejército musulman. 

"Militia est vita hominis super terram" -La vida del hombre sobre la tierra es lucha- dice la Biblia en el libro de Job, creo que todos tenemos experiencia en ello. La lucha del día a día es incesante, todo requiere esfuerzo, sacrificio, tesón, constáncia... pero mucho más importante que la lucha es el motivo que nos lleva a luchar,  a estar dispuestos -aunque sea metafóricamente hablando- a derramar nuestra sangre, a gastar nuestras vidas. Decía el genial Chesterton que el verdadero soldado no lucha porque odia lo que tiene delante sino porque ama lo que tiene detrás, nuestra guerras no han de ser guerras movidas por el odio sino por el amor y ¿qué es lo que amamos? lo que es bello, amamos la familia, amamos la patria, amamos la fe, amamos a Dios... podemos estar seguros que sin lucha no hay amor  "Quien lo probó lo sabe".

El mundo parece empeñado en oscurecer la belleza, en admirar la decadencia, lo vemos en la porquería que elevan a arte, en las horrendas esculturas que colocan en nuestras ciudades, en la música que interpretan unos cuantos jóvenes descerebrados denigrados a la categoría de productos de marketing,  que son seguidos y escuchados de manera masiva, en la literatura del "Best Seller", en la marginación del pensamiento clásico... podemos preguntarnos el por qué de todo lo anterior, y la única respuesta que se me ocurre es que el enemigo pretende difuminar el ideal de belleza insodable que llevamos en nuestros corazones,  nos quiere -como decía Chaplin en el gran dictador-  "hombres máquina", "hombres masa" los llamaría Ortega y Gasset, que obedecen los dictados del mundo como ganado, sin fuerzas para luchar porque su espíritu desfallece sin el sustento de la belleza que conduce a la verdad. Seguía Chaplin en el discurso antes mencionado "Soldados no luchéis por la esclavitud, sino por la libretad, en el capítulo 17 se San Lucas se lee el reino de Dios está dentro del hombre".

Sabemos que el enemigo nos quiere esclavos, pero sabemos también que la verdad nos hace libres, esa verdad con mayúsculas que sacia la sed y que nos da la valentía para lucha, luchar en primer lugar contra nosotros mismos, luchar para no renunciar a lo que somos, luchar para hacer de nuestras vidas algo bello, algo que merezca la pena. Y si a estas alturas alguien no sabe donde puede encontrar esa Verdad estaría bien que conociera a aquel que un día dijo "Yo soy el camino la verdad y la vida" que es el mismo al que un día ojalá podamos decir "Señor yo combatí".