lucha

Señor, yo combatí

Aunque ahora mis ojos solo perciban la oscuridad,
os aseguro que he visto las maravillas más gloriosas de la Creación.
Aunque mi brazo apenas pueda sostener la espada,
fue ella la que me proporcionó la salvación.
Aunque mi voz suene seca y gastada,
antaño entoné cántocos de alabanza al Redentor.
Aunque ahora casi no pueda moverme,
os prometo que luché ferozmente contra el enemigo.

No, yo ya no soy. Pero fui, y puesto que fui, seré.
Maldigo a los hombres sin memoria,
y bendigo a los que lucharon conmigo aquel día,
el día que cambiamos el mundo. 
Y no lo merecía, pero tuve el honor de luchar aquel día por la cruz;
y era indigno de ello, pero tuve el placer de saborear la victoria.

Y así cuando cruce las puertas de la muerte
y el Señor de los Ejércitos me haga la terrible pregunta que aguarda a todo mortal,
cuando Él me pregunte: “¿Tú que hiciste?”
yo podré decirle: “Señor, yo combatí”